Electrólisis percutánea o ejercicio?: no es una cosa o la otra, es saber cuándo


Estas semanas se ha reabierto en redes sociales un debate recurrente en fisioterapia: ¿sirve de algo la electrólisis percutánea si ya hacemos ejercicio? Planteado así, parece una competición entre dos tratamientos. Pero en una lesión real se parece más a preguntar si en una obra hace falta la grúa o los albañiles: depende de qué se esté construyendo y de en qué momento esté la obra.
No es electrólisis contra ejercicio: es electrólisis con ejercicio
Empecemos por lo que no está en discusión: el ejercicio es la base del tratamiento de las tendinopatías y de las lesiones musculoesqueléticas. Tendones, músculos, ligamentos, discos vertebrales se adaptan a la carga gracias a la mecanotransducción, esos "sensores" repartidos por la obra que avisan a la oficina central de que hay que reforzar la estructura. Ninguna técnica sustituye ese estímulo. En este video hablo de la mecanotransducción: https://youtu.be/QyeEpMduoR8?si=S4kNIcxTC9a1Uwug
La electrólisis tiene otro papel: ayudar en tejidos cuyo proceso de reparación se ha quedado estancado, para que el ejercicio tenga sobre qué trabajar. La evidencia sobre ese papel todavía es limitada y no siempre coincide. Un metaanálisis publicado en el Journal of Sport Rehabilitation (2024) encontró que la electrólisis ecoguiada reducía el dolor en tendinopatías, con una certeza de la evidencia mayoritariamente baja. Una revisión reciente en Physiotherapy Research International (Novaková et al., 2026) no encontró ventaja al añadirla al ejercicio frente al ejercicio solo, con certeza muy baja, aunque sí menos dolor a corto y medio plazo que con la punción seca. Con resultados tan dispares, la pregunta útil no es si la electrólisis funciona en general, sino en qué paciente, en qué tejido y con qué dosis.
Primera pregunta: ¿qué tejido y en qué fase de la lesión?
Como explicamos en La Inflamación: un proceso natural de curación, toda reparación pasa por tres fases (Video aquí si quieres saber más: https://youtu.be/5rYQeVB8RPM?si=JG5PrFC28Gps-Zab). Primero llega el equipo de emergencia (fase inflamatoria) a tapar fugas, rescate, asegurar estructuras dañadas, etc. Después, los albañiles levantan la estructura con un andamiaje provisional de colágeno tipo III (fase proliferativa). Por último, el equipo de acabados sustituye ese andamiaje por colágeno tipo I, el material definitivo y resistente (fase de remodelación).
En muchas tendinopatías crónicas, como el codo de tenista (epicondilitis), la rodilla del saltador (tendinopatía rotuliana) o el tendón de Aquiles, y en la fibrosis que deja a veces una rotura muscular, la obra se ha quedado paralizada a medio camino, bien por abuso de medicamentos antiinflamatorios o por no respetar las señales de cada fase y adaptar la carga de entrenamiento o trabajo a las capacidades de resistencia del tejido en ese momento. Ahí es donde tiene sentido la electrólisis: provocar una respuesta local y controlada que vuelva a poner la obra en marcha en la zona precisa. En un modelo animal de tendinopatía inducida en ratas (Abat et al., 2014), una sesión de electrólisis aumentó moléculas relacionadas con la respuesta antiinflamatoria y la formación de nuevos vasos. Es evidencia preclínica: ayuda a entender el porqué, pero no garantiza el resultado en personas.
En cambio, en una lesión aguda en la que el equipo de emergencia ya está trabajando, no tiene sentido llamar a más bomberos. Por eso, en KINEO Benidorm la ecografía en tiempo real es el primer paso: nos permite ver el estado del tejido antes de decidir si la técnica está indicada.
Segunda pregunta: ¿qué dosis y qué tipo de corriente?
Hablar de «electrólisis» sin más es como hablar de usar «un medicamento» sin decir cuando usarlo, ni cuánta dosis y cuando dejar de usarlo. La EPTE trabaja con baja intensidad (microamperios) durante más tiempo y resulta prácticamente indolora; la EPI usa alta intensidad (miliamperios) durante poco tiempo y es más molesta, aunque al parecer mayor dosis (dentro de unos limites) parece generar una respuesta biológica mayor. El mecanismo es el mismo, pero la dosis cambia. Un metaanálisis publicado en Frontiers in Medicine (Sánchez-González et al., 2023) encontró indicios, todavía débiles, de que la baja intensidad podría reducir más el dolor musculoesquelético que la alta.
Y hay una tercera opción de la que apenas se habla: las microcorrientes. El sistema EPTE puede aplicarlas con aguja y guiadas por ecografía, para acompañar las fases de proliferación y maduración del tejido en lugar de reactivarlo. Una revisión publicada en Advances in Rehabilitation (2024) observó reducciones de dolor y discapacidad tanto con electrólisis como con microelectrólisis, con un efecto especialmente marcado en esta última. Hacen falta más estudios, pero analizar juntas corrientes, dosis y fases tan distintas ayuda poco a entender qué funciona y en quién.
En KINEO Benidorm no usamos la EPTE como tratamiento aislado. La aplicamos siempre ecoguiada, solo cuando la valoración indica que el tejido y la fase lo justifican, y dentro de un programa de ejercicio progresivo, que es el que consolida la recuperación. Si quieres profundizar, puedes leer en qué se diferencian la EPTE y la EPI o conocer nuestro servicio de fisioterapia invasiva EPTE en Benidorm.



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