Calcificación en el hombro: cómo la ecografía nos guió en cada fase del tratamiento

Dolor al levantar el brazo, sobre todo al acercarlo a la horizontal. Noches incómodas. Gestos cotidianos, como peinarse o coger algo de una estantería, convertidos en un reto. Así llegó a KINEO Benidorm una paciente con una calcificación en el tendón del supraespinoso, una causa frecuente de dolor de hombro que mucha gente conoce como tendinitis calcificante del manguito rotador. Con este caso abrimos una serie sobre cómo la ecografía en tiempo real cambia la forma de tratar las lesiones musculoesqueléticas. No por la técnica en sí, sino porque permite decidir viendo.
Lo que nos contó la ecografía
Las calcificaciones del manguito rotador no son estáticas: pasan por distintas fases a lo largo de su evolución, y la ecografía permite distinguirlas. En la fase de reposo, el depósito se ve como un foco brillante con una sombra acústica detrás y sin señal de flujo sanguíneo (Doppler). En la fase de reabsorción, en cambio, aparece fragmentado e irregular y con flujo alrededor (Cesarec et al., 2020).
La ecografía inicial, del 30 de junio, mostraba un depósito de unos 8 mm con un borde muy marcado y una sombra acústica completa: el ultrasonido rebota contra él como contra una piedra. Es el patrón típico de una calcificación dura, en fase de reposo.

El problema era doble. Por un lado, al elevar el brazo hacia los 90°, el depósito chocaba contra el arco acromial, lo que se conoce como conflicto mecánico o pinzamiento subacromial, y eso explicaba el dolor. Por otro, una calcificación así de dura puede tardar mucho en reabsorberse sola. El cuerpo acaba retirando el calcio, pero a su ritmo, y ese ritmo puede suponer meses de dolor.
La decisión: poner en marcha la limpieza
Para entender la estrategia, volvamos a la obra. El cuerpo retira el calcio mediante una reacción inflamatoria en la que los macrófagos actúan como el equipo de emergencia que limpia los escombros. En una calcificación dura, ese equipo todavía no ha llegado. Nuestra hipótesis fue llamarlo de forma controlada.
Para ello aplicamos electrólisis percutánea ecoguiada con el sistema EPTE, en este caso a alta intensidad: 6 mA, en cuatro impulsos de cuatro segundos. Es la dosificación que provoca una respuesta inflamatoria local más intensa. Priorizamos la intensidad por dos motivos: la paciente la toleraba bien, y cada semana de roce entre el acromion y la calcificación suponía más irritación para el tendón. La ecografía permitió colocar la aguja exactamente en el depósito y ver el efecto galvánico en tiempo real.

Lo complementamos con diatermia resistiva en modo térmico para aumentar el flujo sanguíneo de la zona, con la idea de favorecer la llegada de células de limpieza y el drenaje.
Conviene ser claros: usar la electrólisis para acelerar la reabsorción de una calcificación es un razonamiento clínico propio. Extrapola el mecanismo con el que esta técnica se emplea en tendinopatías para reiniciar la reparación del tejido, y todavía no hay estudios que lo hayan evaluado específicamente en calcificaciones.
Tres semanas después
Tras tres sesiones, el 21 de julio, la imagen era otra. La sombra acústica prácticamente había desaparecido y el depósito ya no tenía un borde nítido: se veía como una mancha amorfa. Es el aspecto de una calcificación más blanda, en fase de reabsorción. La paciente refería, además, una clara disminución del dolor.

Con el calcio en ese estado, la derivamos a Traumatología para un barbotaje, un lavado ecoguiado en el que se fragmenta y aspira el depósito con una aguja. Un calcio blando se aspira con más facilidad que uno duro, y por eso el momento elegido importaba. Este procedimiento cuenta con respaldo científico: en un ensayo clínico, el barbotaje combinado con infiltración dio mejores resultados al año que la infiltración sola (de Witte et al., 2013), aunque a los cinco años la función de ambos grupos se igualaba (de Witte et al., 2017).
El barbotaje se realizó con anestésico local y PRGF (plasma rico en factores de crecimiento), y tras él el dolor desapareció por completo. Después de una semana de reposo activo y de una vuelta progresiva al ejercicio, la paciente recuperó su vida habitual: trabajo, deporte y actividad diaria.
Lo que nos enseña este caso
Un caso aislado no demuestra que una técnica funcione. La calcificación podría haber evolucionado igualmente, y en la recuperación intervinieron varios tratamientos. Lo que sí ilustra es el valor de decidir viendo: la ecografía nos dijo en qué fase estaba la calcificación, guió la aguja, confirmó el cambio y marcó el momento justo para derivar.
En KINEO Benidorm la ecografía forma parte de cada valoración de hombro. Si tienes dolor al levantar el brazo, conoce nuestra especialidad en hombro o nuestra fisioterapia invasiva EPTE, y pide tu valoración.



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