¿Cómo utilizamos el encoder ADR para monitorizar el entrenamiento oncológico?

En nuestros entrenamientos utilizamos el encoder lineal ADR como una herramienta complementaria para supervisar la ejecución, controlar la respuesta al esfuerzo y orientar las decisiones sobre la carga de trabajo. La información que obtenemos nos ayuda a:
Monitorizar la velocidad de ejecución: saber a qué velocidad se desplaza la carga en cada repetición.
Controlar la pérdida de velocidad: observar cuánto se frena la carga a lo largo de una serie, un indicador de la fatiga acumulada.
Individualizar el entrenamiento: ajustar la carga y el volumen de trabajo según la respuesta de cada paciente.
Seguir la evolución: comparar los registros entre sesiones con el mismo ejercicio, la misma técnica y condiciones parecidas de descanso y fatiga.
Veamos por qué el segundo punto es tan importante.
¿Por qué nos interesa controlar la pérdida de velocidad?
Durante una serie de fuerza, la velocidad de ejecución puede disminuir progresivamente a medida que se acumula fatiga neuromuscular, es decir, cuánto le cuesta al músculo seguir produciendo fuerza. Por ejemplo, si la primera repetición se mueve con soltura y la sexta lo hace claramente más lenta, esa diferencia nos orienta sobre cuánta fatiga se ha acumulado.
Con esta información podemos valorar si conviene finalizar la serie, reducir la carga o modificar el trabajo previsto. En el entrenamiento oncológico, esto nos ayuda a dosificar el esfuerzo y a evitar acumular una fatiga innecesaria, especialmente cuando la tolerancia al ejercicio puede variar a lo largo del tratamiento.
Nuestro objetivo no es que todas las pacientes terminen cada serie al límite de sus posibilidades, sino aplicar el estímulo de fuerza adecuado para cada persona, teniendo en cuenta sus capacidades y su situación clínica.
No existe un umbral universal
No hay un porcentaje universal de pérdida de velocidad que debamos aplicar a todas las pacientes oncológicas. El umbral para detener una serie debe individualizarse, y la velocidad debe interpretarse junto con otros indicadores.
Por eso, además de los datos del encoder, valoramos:
• la percepción subjetiva del esfuerzo (RPE),
• la técnica de ejecución,
• los síntomas y la fatiga percibida,
• la situación clínica de cada persona.
La velocidad nos aporta información objetiva sobre el rendimiento durante el ejercicio, pero no sustituye la valoración profesional ni la comunicación con la paciente.
Entrenar para mantener la fuerza y la funcionalidad
En el entrenamiento oncológico, el objetivo no debe reducirse a completar un número determinado de repeticiones o mover una carga concreta.
Buscamos desarrollar un programa adaptado a las necesidades y capacidades de cada persona, con el propósito de preservar o mejorar la fuerza, la función física y la autonomía.
Para conseguirlo, combinamos la planificación individualizada, la supervisión profesional, la valoración continua y herramientas que nos aportan información objetiva sobre el rendimiento.
El encoder lineal ADR es una de esas herramientas. Nos permite observar cómo se mueve una carga y utilizar esa información para orientar el entrenamiento, siempre dentro de una valoración más amplia.
Medir para individualizar. Entrenar para mantener la fuerza. Trabajar para preservar la funcionalidad.
Este es el enfoque con el que desarrollamos nuestros grupos de entrenamiento oncológico: sesiones supervisadas y adaptadas a cada paciente, con el ejercicio de fuerza como parte fundamental del trabajo para mantener las capacidades físicas durante el proceso oncológico.
Porque el objetivo no es simplemente entrenar, sino ayudar a cada persona a conservar, en la medida de lo posible, su capacidad para moverse, realizar sus actividades cotidianas y mantener su autonomía.
En definitiva
Medir la velocidad nos ayuda a decidir cómo entrenar, cuánto esfuerzo acumular y cuándo puede ser conveniente detener una serie. Así buscamos un entrenamiento de fuerza eficaz, adaptado y tolerable durante el proceso oncológico.
La velocidad es una pista más para que cada sesión sea exigente lo justo: ni más ni menos de lo que cada persona necesita ese día.
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